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Los teléfonos...casi odio.Si, si, me he dado cuenta de que casi odio que me llamen por teléfono y tener que llamar por teléfono, casi siempre. Casi siempre no puedo con mi vida. Pero lo intento superar. Si por mí fuera sólo lo utilizaría en casos necesarios. Por ejemplo, el otro día el coche me dejó tirada en la carretera. Iba yo con J. camino de un festival de Teatro estupendo que hay en Almagro, felices de la vida y va el coche y se para. Sí, se para ahí sin más en medio de la Autovía. En ese caso me enfadé por muchos motivos (uno de ellos es que el coche hacía sólo dos semanas acababa de salir de Taller, otro que me comía las entradas del Teatro compradas hacía 3 meses) pero me alegré de tener teléfono, porque así pude llamar a la Grúa tranquilamente, y me alegraba más si pensaba en pelis de esas típicas en las que si el coche se rompe tienes que parar a otro coche para que te lleve a una cabina, gasolinera o lo que sea (y puede ser un asesino), o andar unos cuantos kilometritos (y por el camino puedes encontrarte con un asesino). Ahí adoré el invento del teléfono móvil. También cuando en Madrid quedo con alguien en algún sitio es muy útil, porque para mí, cordobesa de pueblo, Madrid es mucho Madrid. -Oye ¿en qué salida de metro estás? -Estoy en la que hay en frente de un banco azul y veo una casetilla de polos ¿y tú? -Ni idea, pero espera que ando. -¿Cuesta arriba o cuesta abajo? Y al final nos encontramos. No se qué sería de mí en Madrid sin móvil, no se cómo me encontraría con la gente. Todavía me acuerdo de cuando podíamos vivir sin móvil. Me acuerdo de cuando, si estaba en la calle, tenía que llamar a la gente por teléfono a su casa, y si no estaban no podías hablar con ellos, y si quedabas tenías que quedar en un sitio exactísimo, o no los veías nunca. Me acuerdo de que, cuando era una adolescente y quería llegar un poco más tarde a casa, llamaba a mi padre para contarle que había un cumpleaños de no se quién, y lo llamaba desde un bar. Ahora no, ahora cualquiera te llama en cualquier momento. Y si te paras a pensarlo es un poco raro ¿no? Y si… si… soy de las que apagan el móvil en el cine. Yo antes de llamar a alguien me lo pienso muy mucho. Me empiezo a imaginar ¿y si está en el baño? ¿Y si está con alguien y no puede hablar? ¿Y si le termino la batería? ¿Y si…? Y cuando me llaman, si oigo el móvil (porque lo normal últimamente es que ni lo oiga porque es nuevo y me creo que no es el mío el que suena) es de verdad gracioso según me dicen verme. Mi modus operandi es este: 1-Cojo el móvil en la mano 2-Miro el número que llama (con una ceja en alto, imagínese), y entonces: A-Si lo conozco (agenda) empiezo a decir cosas como “¡Uy, es menganit@! ¿Qué querrá? ¿Por qué me llamará?” y si hay alguien conmigo empiezo a oír “¡pero cógelo, cógelo, cógelo!” y a veces hasta deja de sonar mientras me hago mis preguntas de rigor. B-Si no lo conozco, puede ser: B1-Que sea un número que veo pero no tengo en la agenda… entonces pasa casi lo mismo que con el punto A, las mismas dudas, pero añadiendo el “¿quién será…?”. B2-Que sea un número oculto… ¡Eso ya es algo muy gordo para mí!... “¿quién será, por qué me llama un número oculto, por qué se oculta, será una teleoperadora?” y todo esto sí que es con un tono de indignación supina. En un 90% de los casos no lo cojo, y si lo cojo hago como que no soy yo (paranoias que le dan a una)… Y tal vez todo esto sea porque yo trabajo cogiendo un teléfono; no soy una Teleoperadora exactamente, pero digamos que sí paso mucho rato al día con el teléfono pegado a la oreja, y claro, esto me está dejando secuelas. Y digo yo, con lo bonito que es escribir un e-mail, que uno lo lee cuando puede, y contesta cuando quiere ¿por qué, si no es urgente, hay que llamarse por teléfono? y esas conversaciones, en las que te llama tu prima, con la que no hablas hace 3 meses y te dice cosas como “bueno, y tu ¿qué te cuentas?” ¡Pues nada! (y por lo que veo tú que me preguntas eso tampoco te cuentas mucho). Tengo un amigo muy amigo, vamos, mi muy mejor amigo de mis tiempos de la Facultad, y nos llamamos una vez al año. Eso es genial, hablamos una sola vez al año y tenemos millones de cosas que contarnos, todo lo que me dice me interesa, y todo lo que le digo me interesa. Es la conversación de teléfono ideal. Porque un teléfono no es un walkie, y aunque tengas una tarifa de “paga un minuto y habla 60”, no tienes que llamarme en la parada del autobús para que te entretenga mientras llega, o mientras caminas para volver a casa cuando la mayoría de tus frases son “bueno, pues eso… (suspiros)…ya estoy llegando”.
Y bueno, pues eso… (suspiros) casi odio los teléfonos. Comentarios » Ir a formulario
Jajajajajja, has conseguido sacarme una sonrisa hoy, jajajajja, no he podido parar de reir imaginádote mirando la pantalla del movil.
Un besazo enorme Fecha: 09/08/2007 20:45.
Ya soy una adicta a tus crónicas... jejeje pero NO ESTOY NADA DE ACUERO CONTIGO EN ESTE: a mí me encanta hablar por tel..supongo que será por mi soledad (hay días que la única voz que oigo es a traves del telefono) y QUE NO TRABAJO CON UN TELEFONO!!!jajajaja
Un beso y gracias por estos buenos ratos.. deberías de apuntarte al "club de la comedia" Fecha: 09/08/2007 21:59. |